Ejército de fusil, pico y pala
En la puerta unos muchachos piden permiso para revisar los depósitos de agua. Mi mamá los autorizó y después que se fueron le pregunté quiénes eran ellos. Me explicó que eran soldados del EJT.
—¿Y qué es eso, mamá? –le pregunté. Me explicó que el Ejército Juvenil del Trabajo es una institución, súper eficiente, que forma parte de las tropas terrestres de las FAR, pero realizan actividades productivas en interés de la economía y la sociedad cubanas.
Esta fuerza, preparada militarmente, desarrolla las tradiciones productivas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, heredadas del Ejército Rebelde que, además de combatir a la tiranía construyó escuelas, hospitales, panaderías, talleres...., y después del 1ro de enero de 1959 se incorporó a los planes económicos y sociales del país.
En 1966 las FAR comenzaron a brindar mayor ayuda a la producción. La Brigada Invasora “Ernesto Che Guevara”, creada en 1967, limpió innumerables caballerías de marabú para facilitar planes agrícolas en Oriente.
Ante la necesidad de mano de obra permanente para la agricultura, la UJC organizó y creó el 3 de agosto de 1968 la Columna Juvenil del Centenario, integrada por jóvenes que atendieron la zafra azucarera, la construcción de escuelas en el campo, industrias...
Junto a ella laboraron miles de efectivos de las FAR. El 3 de agosto de 1973 se fusionaron la Columna Juvenil del Trabajo y las unidades militares dedicadas a la producción para crear el Ejército Juvenil del Trabajo, una fuerza única, capaz de aumentar la productividad.
Los jóvenes integrantes del EJT han cortado millones de arrobas de caña, han producido innumerables quintales de alimentos, participaron en la construcción de escuelas en el campo...
Y si de líneas del ferrocarril se trata, construyeron y repararon tantas, que si las unieran una tras la otra, atravesarían la Isla de un extremo a otro.
Ah, –y mira, me dijo– con su participación en la lucha antivectorial, evitan la propagación de enfermedades trasmitidas por el mosquito Aedes aegyptis.
Y para no cansarte, desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí, son un ejemplo a seguir cuando de producción se trata y aunque han hecho mucho no se cansan y siguen haciendo más.


