
Cuando Pandora abrió la caja y dejó escapar los males del mundo, el que voló más lejos fue, sin dudas, la violencia. Nadie está exento a su influjo y a todos nos concierne. ¿Por qué los seres humanos somos agresivos por naturaleza? ¿De qué modo la violencia entra en nuestras vidas y se adueña, muchas veces sin darnos cuenta, de nuestro comportamiento? Permisividad, sobreprotección, control, perfeccionismo, ansiedad, ¿Son vías que nos conducen a la violencia? ¿Qué ocurre con los más frágiles, con la familia? ¿La escuela se vuelve un espacio para la agresividad? A estas y otras interrogantes responde Vivir sin violencia, que reflexiona sin rodeos sobre este mal que aparece, casi siempre enmascarado y enferma a la familia, a la sociedad, y, sobre todo, a nosotros mismos. De tolerancia, sensibilidad, amor, hablan estas páginas.


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