Pablo de la Torriente Brau, el mayor cronista de su época

Pablo de la Torriente Brau nació en San Juan, Puerto Rico, el 12 de diciembre de 1901. En 1903 se trasladó con sus padres a España y poco después a Cuba. Al producirse la segunda ocupación militar de los Estados Unidos en Cuba, la familia retornó a Puerto Rico, excepto el padre, profesor del plantel Colegios Internacionales en El Cristo, en la provincia de Oriente. Tres años después la familia se reencontró en Santiago de Cuba. Para entonces, Pablo leía La Edad de Oro, de José Martí, además de las obras de Julio Verne y Emilio Salgari.

A la edad de nueve años escribió su primer artículo, para el periódico El Ateneísta. Cuatro años después ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba. Terminó el bachillerato en La Habana, donde la familia estableció nueva residencia.

Por esa época publicó artículos en la revista Nuevo Mundo, de la que fue igualmente redactor, repartidor y agente de suscripciones. Posteriormente trabajó en la Comisión de Adeudos de la Secretaría de Sanidad, hasta que pasó a cubrir la vacante de secretario que dejara el joven abogado Rubén Martínez Villena en el bufete de Fernando Ortiz. Su empleo como Secretario se alternaba entonces con su pasión favorita: el foot-ball, que practicaba con asiduidad.

El 28 de febrero de 1930 se publicó su primer libro de cuentos, Batey, y en ese mismo año su amigo Raúl Roa lo invitó a participar en la manifestación que el 30 de septiembre se organizó contra los crímenes y desafueros del gobierno de Gerardo Machado. En la refriega de los estudiantes con la policía durante esa jornada, Pablo fue herido en la cabeza, mientras que el dirigente estudiantil Rafael Trejo caía herido de muerte.

Pablo de la Torriente fue detenido y conducido a la prisión de Isla de Pinos, pero antes redactó un informe acerca de los sucesos, que se publicó en la revista Alma Mater. Sus experiencias desde que fue capturado junto a otros fundadores del Ala Izquierda Estudiantil se recogieron en sus crónicas «105 días preso», publicadas en el diario El Mundo entre el 26 de abril y el 8 de mayo de 1931.

En ese año volvió a ser detenido, y encarcelado hasta 1933, cuando partió al exilio en los Estados Unidos. Regresó a Cuba tras la caída de Machado. Desde entonces su obra periodística fue en ascenso: colaboró en la revista Bohemia; en Línea, órgano del Ala Izquierda Estudiantil, y en el diario Ahora, en el cual dio a conocer, entre el 8 y el 24 de enero de 1934, sus crónicas «La isla de los 500 asesinatos», antecedente de su libro Presidio Modelo.

El periódico Ahora se convirtió en tribuna de denuncia para el joven escritor revolucionario. En sus páginas acusó y criticó a empresarios como el millonario Laureano Falla Gutiérrez, al periodista José Antonio Rivero, director del Diario de la Marina, al secretario de Educación Jorge Mañach; asimismo denunció en su histórico reportaje «Tierra o sangre», la situación de los campesinos de Realengo 18.

 

Varios artículos dedicó a denunciar la masacre de estudiantes en el Instituto de La Habana en mayo de 1934, durante el gobierno de Carlos Mendieta, y el asesinato de los jóvenes Ivo Fernández Sánchez y Rodolfo Rodríguez, al tiempo que publicaba semblanzas de sus amigos Rubén Martínez Villena y Gabriel Barceló, sin olvidar «La última sonrisa de Trejo».

Perseguido por el gobierno de Mendieta tras el fracaso de la huelga general de marzo de 1935, tuvo que exiliarse una vez más en los Estados Unidos. En ese país organizó el Club José Martí y fundó el periódico Frente Único, órgano de la Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista (ORCA), creada por él junto con Raúl Roa, Gustavo Aldereguía y otros revolucionarios.

Sus cartas cruzadas desde el exilio neoyorquino revelan de manera dramática —aunque no exenta del humorismo que siempre exhibió su prosa— sus esfuerzos para obtener un empleo estable. Desde los Estados Unidos colaboró en Bohemia y Carteles, con el seudónimo de Carlos Rojas. Su artículo «Guajiro en New York», aparecido en Bohemia el 21 de junio de 1936, ganaría el Premio Nacional de Periodismo Justo de Lara en 1937, meses después de su muerte.

En vano gestionó la publicación de su Presidio Modelo, testimonio preparado en el exilio entre 1935 y 1936 a partir sus experiencias personales y de la investigación.

Al estallar la Guerra Civil Española se incorporó a las Brigadas Internacionales contra el fascismo y en apoyo a la República Española, no sin participar antes en el Congreso Mundial por la Paz, en Bruselas. En Madrid fue periodista, maestro y soldado; fue nombrado Comisario de Guerra, bajo las órdenes del cubano Policarpo Candón, y nombró al prestigioso poeta español Miguel Hernández como jefe del Departamento de Cultura de la brigada.

El diario mexicano El Machete y la revista estadounidense New Masses publicaron sus numerosas crónicas de la guerra, entre las cuales tuvo gran impacto «En el Parapeto», referida a una polémica que sostuvo con el enemigo desde las trincheras.

Pablo de la Torriente Brau murió en combate en Majadahonda, España, el 19 de diciembre de 1936.

Fuentes: www.ecured.cu, www.cubadebate.cu, www.biografiasyvidas.com

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