Una respuesta en pocas, pero precisas palabras

Un encuentro entre las tropas mambisas y un grupo de soldados de ejército español tuvo como escenario los Mangos de Baraguá, el 15 de marzo de 1878, pactado para discutir acerca del Pacto del Zanjón. Tras haberse frustrado por el propio Maceo, en el campamento mambí, un atentado al jefe español, el capitán general Arsenio Martínez Campos y su Estado Mayor intentan persuadir a Antonio Maceo con el objetivo de que firmara el documento que concedía una simple tregua, una breve interrupción de la guerra y no la verdadera y definitiva independencia.

«La entrevista correcta y fría, después de los saludos de rigor, está dominada por la noble reserva de Maceo, que corta a tiempo el gesto de Polavieja, quien –por indicaciones de Martínez Campos– pretendió sacar de la voluminosa cartera las bases firmadas de la capitulación del Zanjón y con su característica simplicidad lleva el debate, (…) al punto central». Por su parte Antonio Maceo  y «sus compañeros no estaban dispuestos a aceptar las bases del Pacto del Zanjón. No pueden creer en la sinceridad de las reformas que promete Martínez Campos, porque estas deben ir precedidas de la abolición inmediata de la esclavitud. Además, la independencia de Cuba es la declaración esencial para discutir las condiciones de paz.

»A las disculpas de Martínez Campos sobre el tráfico negrero, defendiendo los intereses esclavistas, [hubo] de replicar Calvar y Figueredo en apoyo de Maceo. Quiere Maceo, y es natural que no lo confiese al enemigo en ese momento, la tregua de algunos meses para rehacer los cuadros del Ejército Libertador, y con una victoriosa campaña instaurar el gobierno republicano que arranque de raíz los últimos vestigios de la vil explotación humana.

»Martínez Campos, que había ido a Baraguá confiado en un fácil arreglo, pronosticado por sus confidentes, hubo de retirarse moralmente derrotado ante la actitud resuelta y serena de Maceo, líder del pueblo y de la Revolución, dispuesto a seguir luchando hasta vencer o morir».

La Protesta de Baraguá fue un hecho político trascendental, por lo valiente, oportuno y firme, consolidó el pensamiento revolucionario cubano en momentos de profunda crisis moral pues reafirmó los objetivos básicos de la rebeldía nacional: la independencia de Cuba y la libertad de los esclavos.

Baraguá tuvo resonancia continental. La Verdad, periódico cubano de Nueva York, en su edición del 6 de abril de 1878, insertaba una carta comentando la Protesta: «El héroe del día es Maceo, parece que está reservado a él volver a levantar a Cuba al pináculo de su gloria...»

Baraguá constituyó la reafirmación expresa del amor a la independencia y a la justicia social, y de hacerlo constar se encargaron los revolucionarios más puros, negados a dejar caer la espada. Con su actitud, Maceo y sus seguidores, a la vez que salvaron su honor de combatientes enaltecieron el de Cuba, legando a las generaciones posteriores la posibilidad de proclamar con orgullo que, desde el primer empeño, los revolucionarios cubanos jamás han sido vencidos ni derrotados.

Así lo manifestó Fidel en ocasión del centenario del histórico gesto:

«(...) con la Protesta de Baraguá llegó a su punto más alto, llegó a su climax, llegó a su cumbre el espíritu patriótico de nuestro pueblo; y que las banderas de la patria y de la revolución, de la verdadera revolución, con independencia y con justicia social, fueron colocados en su sitial más alto.»

 

Fuentes:www.ecured.cu; www.radiorebelde.cu; www.sierramestra.cu

 

 

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